Voy a hacer algo que no suelo hacer.
Voy a contestar en público una pregunta incómoda. La pregunta no es mía. Es de un tipo que se llama George Mack y que escribe sobre lo que él llama high agency. La pregunta es esta:
¿Qué harías esta semana si tuvieras diez veces más agencia de la que tienes?
Diez veces más. No el doble. No “un poquito más decidido”. Diez. Como si fueras una versión tuya con los mismos recursos, los mismos hijos, el mismo trabajo, pero sin el freno invisible que llevas puesto desde no recuerdo cuándo.
He estado tres tardes con la pregunta en una libreta. Me he forzado a no escribir generalidades. Tres decisiones concretas, vivas hoy en mi cabeza. Ahí van.
Decisión 1: el side-project.
Llevo dieciocho meses con un side-project a medias. Newsletter, marca personal, lo de siempre. La versión actual de mí trabaja en él los domingos por la noche cuando los niños duermen, en sesiones de dos horas, con culpa.
La versión 10× lanzaría la primera tanda de cinco piezas la semana que viene. Sin más diseño. Sin más spec. Con erratas, si toca. Le diría a mi mujer que necesita mi sábado por la mañana hasta junio. Le pediría a un amigo que sea lector cero, no en abstracto, sino el martes a las nueve. Pondría una fecha en el calendario que ya no se mueve.
¿Por qué no lo estoy haciendo? Porque me da más miedo lanzarlo mal que no lanzarlo nunca. Esto cuesta admitirlo en frío.
Decisión 2: la conversación con mi padre.
La llevo postergando cuatro años. Va sobre dinero familiar y va sobre cosas peores que el dinero. Nada urgente. Todo importante.
La versión 10× la habría tenido el mes pasado. En su cocina. Sin móvil. Con una lista de tres puntos en el bolsillo para no irme por las ramas. Estaría asustado, sí, pero iría igual.
¿Por qué no lo estoy haciendo? Porque la versión que tengo en la cabeza de mi padre es peor que la versión real, y prefiero quedarme con la inflada para tener motivo de no aparecer.
Decisión 3: la educación de mi hijo mayor.
Va a un colegio que cumple. No es ni excelente ni terrible. Es el colegio del barrio.
La versión 10× habría ido a tres entrevistas en febrero. Habría hablado con cinco familias de tres colegios distintos. Habría preguntado a mi hijo, con tiempo, qué le gusta y qué no de su día. Tendría datos y una decisión en mayo, no una sensación difusa en septiembre.
¿Por qué no lo estoy haciendo? Porque la inercia tiene una forma muy elegante de disfrazarse de respeto al status quo. No quiero precipitarme, me digo. Lo que no quiero es mover ficha y descubrir que llevaba años evitándola.
¿Ves el patrón?
Las tres respuestas son razonables. Las tres son falsas. La pregunta del 10× no funciona porque te enseñe nada que no supieras. Funciona porque te quita la coartada.
Tú ya sabes qué harías. Lo sabes desde hace tiempo. Lo único que no sabes es por qué no lo estás haciendo.
Y esa es la pregunta de verdad.
Coge una libreta. Coge tres decisiones reales tuyas, no de tu identidad-LinkedIn. Escribe qué haría tu versión 10×. Y luego, debajo, en una sola línea, escribe por qué no lo estás haciendo tú.
No corrijas la línea. Léela en voz alta. Esa frase es el coste real de tu vida actual.
P.D. Lo que no escribí arriba: el coste no es la decisión que no tomas. El coste es la persona en la que te conviertes evitándola.