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filosofia

Persigue significado. La felicidad ya vendrá detrás, o no

Argumento con contraargumento

Conozco a un padre de 42 años que dejó un trabajo de 80.000 al año.

No por uno mejor pagado. Por uno peor pagado. De 80.000 a 52.000. Director de operaciones en una empresa que iba bien a coordinador de proyectos en una fundación que iba como van las fundaciones. Más horas, menos sueldo, menos prestigio en LinkedIn.

Cuando me lo contó, me costó no preguntarle lo obvio. Le pregunté otra cosa. Le pregunté si dormía mejor.

Dijo que sí. Y se quedó callado un rato largo.

Atención.

Hay un libro corto, escrito en nueve días en 1946 en un hospital de Viena, que es uno de los textos de psicología más leídos del siglo XX. Su autor, Viktor Frankl, tenía 41 años cuando lo escribió y acababa de salir de cuatro campos de concentración. Auschwitz, entre ellos. Su mujer, sus padres y su hermano habían muerto en esos campos. Él, no.

El hombre en busca de sentido. Editado en castellano por Herder. Tres horas de lectura. Imposible no marcarlo.

La tesis central de Frankl, en una frase, es ésta: el motor humano no es el placer (Freud) ni el poder (Adler). Es el significado. Su psicoterapia, la logoterapia, es la aplicación clínica de una frase que Frankl cita en el libro y atribuye explícitamente a Nietzsche (Crepúsculo de los ídolos, 1888): quien tiene un para qué para vivir, puede soportar casi cualquier cómo. Frankl no la formuló. La heredó. Pero la convirtió en motto de toda una práctica clínica, y aquí es donde el préstamo se le devuelve con intereses.

La frase de Frankl propia, la que importa hoy, está en el prólogo que él mismo añadió a la edición inglesa de 1962. La traduzco directa, sin floritura:

La felicidad no se persigue; sobreviene. — Viktor Frankl, prefacio a Man’s Search for Meaning (Beacon Press, 1962). En el original: “Happiness cannot be pursued; it must ensue.”

Frankl no dice que la felicidad sea mala. Dice que persigue mal. Solo aparece como subproducto de otra cosa.

Esto destruye media estantería de auto-ayuda de aeropuerto. Cómo ser feliz en cinco pasos. Conviértete en la versión más feliz de ti mismo. Frankl, desde Auschwitz, te diría que estás pidiéndole a la felicidad exactamente lo que la espanta: que sea el sujeto de tu frase.

La cultura paterna actual sufre la misma trampa. Quiero que mi hijo sea feliz, como si fuera un objetivo programable. Y luego nos sorprende que los hijos a los que dijimos eso sin un para qué concreto se nos llenen de ansiedad a los 17.

Frankl, en su lugar, propone dos pivotes que sí sostienen. Una obra que hacer: no “tu pasión” en términos blandos, sino una tarea concreta que el mundo necesita y que tú puedes hacer particularmente bien. El padre del comienzo dejó 80.000 al año por una obra. Mal pagada, pero suya. Y, cuando ya no queda obra que hacer porque la situación es irrevocable — un duelo, una enfermedad crónica, un fracaso definitivo — todavía queda sufrir con dignidad. Lo más impopular de Frankl en una cultura que ha convertido el sufrimiento en algo a evitar a toda costa. Pero, cuando el dolor es inevitable, lo único que queda dentro de tu columna es con qué actitud lo atraviesas.

Aquí Frankl coincide con Marco Aurelio. Lo que no depende de ti, ya está. Lo que sí depende, es cómo lo cargas. La diferencia es que Frankl, viniendo de Auschwitz, no tiene tono de sermón. Tiene tono de notario.

Mi conocido, el que pasó de 80 a 52, no es más feliz. Es más algo. Más coherente, quizá. Más usable para sí mismo.

La felicidad, si viene, vendrá detrás. Y si no, al menos ya no la está empujando.

P.D. Si vas a leer un libro este año, que sea ése. Tres horas. La edición de Herder en castellano respeta el alemán original (Trotzdem Ja zum Leben sagen — “decir sí a la vida a pesar de todo”, título original que Frankl prefería). La edición inglesa de Beacon Press añade el prefacio de 1962 con la frase “Happiness cannot be pursued; it must ensue.” Las dos están bien.

P.D. 2 El “para qué / cómo” es de Nietzsche, no de Frankl. Frankl es honesto y lo cita. Yo lo escribo aquí porque circula como “frase de Frankl” en redes y conviene devolver el crédito.

Contraargumento

Hay una crítica seria a Frankl que merece nombre: la psicología positiva contemporánea (Seligman, Lyubomirsky) ha mostrado que ciertas prácticas dirigidas a aumentar el bienestar subjetivo — gratitud, conexión social, ejercicio — sí mueven la aguja de la felicidad medible, y que la dicotomía felicidad/significado es menos limpia de lo que Frankl sugería. Además, el experimento de los campos de concentración como evidencia de su tesis tiene sesgo de supervivencia obvio. El argumento de este texto se sostiene si concedes que (a) la búsqueda directa de felicidad como emoción tiene un efecto paradójico documentado, y (b) que significado y emoción placentera no son intercambiables. Si no concedes ninguna de las dos, la pieza no se sostiene.

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