Mi hijo tiene siete años y, este curso, hemos hecho una cosa nueva.
Hemos quitado el desayuno con dibujos animados.
No hemos añadido nada en su lugar. No hemos comprado el libro de educación emocional con pegatinas. No nos hemos sentado a “hacer mindfulness en familia”. Simplemente quitamos la tablet de la mesa por las mañanas.
El cambio que ha tenido en casa no lo habríamos producido añadiendo nada.
Taleb tiene una idea que llevo encima desde Antifragile: sabemos con mucha más claridad lo que está mal que lo que está bien. La llama vía negativa. Y la propone como heurística de decisión.
(Lo digo así, en mis palabras. Es paráfrasis de varias frases del libro, no cita literal. Lo aclaro porque en internet circula como entrecomillada y no aparece exactamente así en la edición que tengo.)
No es minimalismo. No es decluttering. No es “menos es más” colgado en madera en el salón.
Es esto: lo que sabes con certeza es lo que está mal. Lo que crees que es bueno es una hipótesis. Ergo, antes de añadir, quita.
Aplicado a la paternidad, el modelo es brutal.
Mira tu casa. Mira la lista que llevas en la cabeza con todo lo que “deberías hacer mejor” como padre o como madre.
Más lectura. Más juegos de mesa. Más conversaciones profundas. Apuntarlo a ajedrez. Cuento antes de dormir todos los días. Cocinar juntos los sábados.
Cada una es una hipótesis. Cada una puede funcionar. Cada una puede no funcionar. No lo sabes. Lo intentas y lo intentas, y dura tres semanas, y vuelves a fracasar, y te frustras, y al final no haces nada porque la lista pesa demasiado.
Cambia el ejercicio.
¿Qué hay en casa que sepas, con certeza, que no suma? No con probabilidad. Con certeza.
A mí, el desayuno con pantalla. Pero igual a ti es otra cosa.
El móvil en la mesa de la cena. La hora extra de la academia los miércoles que llega reventado. La discusión sistemática con el abuelo delante del niño. La rutina de “vamos rápido que llegamos tarde” cada mañana porque te has quedado mirando el móvil quince minutos en pijama.
Eso lo sabes. No necesitas un libro de pedagogía para detectarlo.
Y aquí está el truco que casi nadie usa: no añadas nada en su lugar.
La tentación es inmediata. He quitado las pantallas, ahora pongo cuento educativo en su lugar. No. Pones nada. El vacío es parte del trabajo. Lo que aparezca en ese vacío te informa de qué necesita realmente vuestra mañana.
A nosotros nos apareció una cosa rara: el niño habla. Cuenta sueños. Pregunta por el origen de las palabras. Hace preguntas raras sobre la muerte a las ocho de la mañana, que es lo que toca a esa edad.
No lo habríamos producido con la app de mindfulness para niños.
Lo produjo quitar la pantalla.
Esta semana, una propuesta. No hagas la lista de cosas que vas a empezar con tus hijos. Haz la otra lista.
Tres cosas que vas a dejar de hacer.
No tienen que ser épicas. Pueden ser ridículas. La mía fue una tablet en una mesa. Eso es todo. Quítate la presión de tener que sustituirlas por una versión mejorada de ti.
El espacio vacío también educa.
A veces es lo único que educa.
P.D. Si te cuesta hacer esa lista, es señal de que llevas tiempo añadiendo cuando deberías estar restando. Pasa con casi todos los padres que conozco, yo incluido.
P.D. 2. Vía negativa no es lo mismo que dejadez. Quitar requiere haber mirado. La dejadez no mira.