Un cuñado mío lleva diez años calculando su número FIRE.
FIRE, por si no lo conoces, son las siglas en inglés de Financial Independence, Retire Early. Independencia financiera, jubilación temprana. La idea: ahorrar entre el cincuenta y el setenta por ciento del sueldo durante diez o quince años, invertirlo en fondos indexados, y vivir luego de los rendimientos.
Mi cuñado tiene una hoja de cálculo bonita. Una columna que crece. Una proyección que dice que con cincuenta y dos años se libera.
Su hija cumple ocho el mes que viene.
Cuando él se libere, ella va a tener diecisiete. Y a los diecisiete una hija ya está mirando hacia fuera, no hacia su padre. Estará pensando en el primer Erasmus, en la primera pareja, en irse. Las tardes en el parque, las cenas a las ocho, las conversaciones tontas en el coche camino del colegio, todo eso ya habrá pasado.
Él habrá pagado esos años. Literalmente. Para tener libres los que vienen después.
Aquí es donde tengo un problema con el FIRE clásico aplicado a padres.
El movimiento nació en los noventa con un perfil muy concreto. Adulto sin hijos, ingreso medio-alto, ciudad cara, ganas de huir del corporate. Para ese perfil, el cálculo cierra. Ahorras como un animal cinco o diez años de soltería y luego tienes treinta de margen. Bien.
El padre normal no es ese perfil. El padre normal tiene una hipoteca, una nómina que no le permite ahorrar el setenta por ciento ni queriendo, una pareja que también opina, y un cronómetro biológico distinto. Su escasez no es de dinero futuro. Es de horas presentes con criaturas que están creciendo ahora.
El FIRE le dice: aprieta diez años para liberar los siguientes treinta. Pero los diez que aprieta son los únicos años en los que su hijo le mira como un dios.
Hay una asimetría temporal que la hoja de cálculo no recoge. La hija de mi cuñado no va a tener nueve años dos veces. Él sí va a tener cincuenta y dos al final del túnel, da igual cómo lo haga. Por lo que apuesta no es por dinero. Es por una versión del padre que su hija ya no necesitará.
No estoy diciendo que ahorrar sea mala idea. Lo es muchísimo. No estoy diciendo que el interés compuesto no funcione. Funciona perfecto. Lo que digo es que el FIRE, como objetivo central, encaja mal con la paternidad porque pide hipotecar la ventana en la que más se necesita.
Hay un FIRE moderado que sí encaja. Se llama Coast FIRE. Ahorras fuerte los primeros años, llegas a una base, y luego dejas de exigirte tanto. La base trabajará sola hasta tu jubilación normal, pero tú ya no tienes que apretar más. Y entre medias trabajas menos, gastas más en cosas que importan, te coges los miércoles libres y vas a buscar a tu hija al colegio.
No es jubilarse a los cincuenta. Es no llegar a esos cincuenta habiendo perdido los cuarenta.
A mi cuñado le voy a enseñar este texto cuando termine de pulirlo. Probablemente me diga que su plan también incluye llevar a su hija al colegio. Y es posible. Pero la hoja de cálculo que me ha enseñado no incluye esa columna. Y lo que no aparece en la hoja de cálculo, en la práctica, se sacrifica.
Mi cuñado mira sus números. Su hija cumple ocho el mes que viene.
P.D. El interés compuesto te devuelve dinero. No te devuelve los años en los que tu hijo tenía siete.