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Tu hijo no pierde una habilidad con la IA. Directamente no la construye

Argumento con contraargumento

Un profesor de instituto me contó algo el otro día. Tenía un alumno que entregaba redacciones decentes y a la semana siguiente no era capaz de defender una sola idea de las que había escrito en clase. El alumno no estaba mintiendo. Es que esas ideas no habían pasado por su cabeza. Las había leído pasar por una pantalla.

Hasta aquí, nada nuevo. Lo nuevo es lo otro que me dijo:

Cuando un adulto delega en la IA, pierde un músculo que ya tenía. Cuando un niño delega, nunca lo construye.

Esa frase me dejó pensando una semana.

La diferencia que cambia todo el marco

Tú llevas treinta o cuarenta años pensando, escribiendo, peleándote con argumentos que no salían a la primera. Tienes el músculo. Si dejas de usarlo, se atrofia. Pero conoces la forma del músculo. Sabes cuándo te falla. Sabes lo que costó tenerlo.

Tu hijo de diez años no tiene el músculo todavía. Está en pleno proceso de construirlo. Si lo salta, no hay “atrofia” porque no hay nada que se atrofie. Hay un escalón del desarrollo que no se subió.

Hay una palabra que me sirve para nombrarlo: cierre. No olvido. Cierre de una posibilidad de desarrollo. Es distinto a olvidar. Es no haber estado.

El estudio que conviene mencionar

En enero de 2025 Michael Gerlich publicó en la revista Societies un estudio con 666 participantes que medía dos cosas: frecuencia de uso de IA y puntuación en pensamiento crítico. La correlación negativa apareció clara. Y un detalle: era más fuerte en los participantes jóvenes.

No es prueba definitiva. Una correlación nunca lo es. Pero apunta a algo coherente con lo que cuenta el profesor: los que más delegan, menos músculo construyen.

Lo que esto cambia en casa

No es prohibir la IA. Sería ridículo. El crío va a usarla igual y, si no la usa en casa, la usará a escondidas.

Es lo otro. Es entender que hay una franja del desarrollo cognitivo en la que el coste del error, la fricción de no saber, la búsqueda lenta de la palabra exacta, son el aprendizaje. Quitárselos no es ayudar. Es interrumpir.

Cuando tu hijo te pregunta cómo se escribe una palabra y le respondes tú, le quitas medio segundo de fricción. Cuando se lo pregunta a la IA, le quitas el motivo entero de aprender a buscarla.

Lo que sí se puede hacer

Tres movimientos concretos que practico con mi cría:

  • Primero la cabeza, luego la pantalla. La IA entra después de un intento honesto. No antes. “Inténtalo tú, y luego le pedimos a la IA que nos diga si te ha salido.”
  • Que defienda lo que entrega. Si me trae algo escrito con ayuda de IA, le pregunto por una frase concreta. Si no la sabe defender, no es suya todavía. Volvemos al primer paso.
  • Cacharrear juntos. No leerle un decálogo de los peligros de la IA. Sentarnos los dos, pedirle algo a la IA, ver cómo la IA se equivoca, y reírnos. La incredulidad se enseña haciéndola.

Nada de esto es nuevo. Es lo mismo que con cualquier herramienta poderosa. Le compras al niño una bici cuando ya sabe equilibrarse, no antes. La IA es una bici con motor. Si no sabe pedalear todavía, lo que aprende es a no caerse del motor.

Una pregunta antes de cerrar

¿Qué músculo cognitivo tiene tu hijo que tú no tenías a su edad?

Si la respuesta tarda en llegar, ya tienes algo en lo que pensar esta semana.


P.D. El profesor del principio me dejó otra frase, casi de salida: “El problema no es que copien. Es que ya no saben cuándo les están dando una respuesta mala.” Anótalo. Esa es la fractura.

Contraargumento

Se puede argumentar que la calculadora hizo el mismo trabajo en los ochenta y aquí seguimos. Pero la calculadora no escribe el examen, no estructura el razonamiento, no redacta la disculpa, no decide qué importa. Sustituía un paso acotado. La IA sustituye el paso anterior: el de pensar qué paso dar.

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